Prólogo
Reza un dicho popular que
no hay peor esfuerzo que el
que no se hace.
En una antología poética – 1ª edición 1992, de la poetisa francesa de origen libanés Andrée Chedid; editada por Monte Avila – se lee casi al final del prólogo que le hace Alfredo Silva Estrada, un párrafo que he sintetizado de este modo: “El poeta sobrevive sobre los embates del absurdo y de la nada, porque su verdad está en el corazón”. Esta verdad expresada por el poeta en los poemas, es – a mi entender – un producto más emocional, espiritual que del intelecto. Haciendo un poco de historia en relación con este tema. En la antigua Grecia había la creencia de que los poetas y los artistas eran unos seres favorecidos por ciertas divinidades conocidas como musas de las artes y las letras; tanto es así, que Homero, – máximo poeta épico de la antigua Grecia – empieza “La Odisea” con una invocación a la musa: “Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, ...”. Esta creencia permeó la cultura del mundo occidental, de tal modo; que en el suceder histórico, desde la antigua Grecia hasta nuestros días; encontramos referencias relacionadas con estas musas en distintas generaciones de poetas; como son los casos de: Luis de Góngora, Rubén Dario, César Vallejo y otros de no menos valía. En la actualidad hay quienes piensan que las creaciones artísticas genuinas son consecuencia de un estado de inspiración espiritual. De todo lo que se ha dicho relacionado con este arte, lo que si puedo asegurar con absoluta certeza; es que dedicarse a escribir poesías no es nada fácil, porque además del deseo de hacerlo, es necesario tener ese fuego sagrado que el poeta siente en su fuero interno; es ese ramalazo del espíritu lo que hace posible la creación poética. Hago esta afirmación porque cuando me inicié en la literatura a finales de la década de los setenta, siempre acaricié la idea de escribir por lo menos un pequeño libro de poesía; no obstante, cada vez que hacía el intento no pasaba de la primera linea. Fue en el 2009 que hice mi primer poema, quizás debido a unos hechos ocurridos entre el 2008 y el 2009; entre los que recuerdo: La amistad que hice con el compositor Lucas Arias, con quien he entablado algunas pláticas relacionadas con la poesía y sus diversos géneros; otros sucesos fueron, los bombardeos que ocurrieron por ese tiempo en la franja de Gaza y la elaboración de un libro de cuentos que escribí, titulado “Pájaro de Fuego” donde incluí el poema del cual hago mención, titulado “Dolor infinito”. A todas estas, pensé que no podría hacer un poema más, pero sucedió el milagro, la magia de la Musa me tocó en ese lapso de tiempo, que fue – a mi criterio – de maravillosa creación. Todos los poemas que están incluidos en este libro – menos el primero – son del 2010.
Humberto J. Ramos
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