lunes, 2 de mayo de 2011

Hambre congénita

Tremebundo silencio del que sufre,
del de los ojos tristes,
del pan ausente, distante...,
inalcanzable.
Tremebundo silencio del llanto del
hambriento,
del que llora el hambre de su prole.
Tremebundo silencio de la mesa vacía,
del fogón silencioso,
triste.
De un meditabundo silencio de miradas
perdidas,
de los platos jubilados,
cesantes.
De los cucharones que no remueven nada,
de las pailas ahítas de vacío.
De una muchedumbre peleándose por un
saco de arroz derramado en tierra.
De las barrigas que hacen ruidos extraños
clamando pan.
Tremebundo silencio del que sufre
del hambre innata.

Humberto J. Ramos

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