... No era su alter ego lo que él
miraba, ni a un mundo paralelo semejante al suyo, era su propia
imagen la que se reflejaba en el espejo.
Su
protector era un hombre de ideas muy raras, tan raras, que ahora le
ha dado por enseñarlo a pronunciar frases de una o dos palabras.
Frente
al espejo.
...
“¿¡Pronunciar frases de una o dos palabras!?... ¡Es fácil!.
¡Si, claro!. Hasta para un niño de tres años de edad es fácil.
Pero..., para mí. ¡No!. No lo es. ¡Es imposible!. Yo cazo ratones,
soy polígamo, maullo, araño los muebles de la casa y algunas veces
practico el incesto. Pero..., ¿¡Pronunciar palabras!?... Mi
Protector dice que sí. Es más, asegura haber enseñado a un gato
común a pronunciar cinco frases; lo cual dudo. El piensa que conmigo
será más fácil porque y que tengo pedigrí. ¡Vaya usted a
saber!. Pedigrí. Mi protector ha tomado esta tarea muy en serio.
Quiere que yo diga: ¡Hola!, pan, pescado, bien, ¡buenos días! y
otras palabras. En una semana de prácticas que ha hecho conmigo, ya
asegura que las sé pronunciar. Si digo miau, dice que dije
pescao, o pan o cualquier otra cosa que se le ocurra...Ahora la ha
dado por decir que en otra vida yo era un famoso guardameta de un
equipo de fútbol, un tal araña o la araña. Eso lo dice porque
tengo cierta habilidad para atrapar con mis patas delanteras la
comida antes de caer al suelo. Mi protector tiene ideas muy raras: A
mis patas, él las llama manos, a mí me bautizó con el nombre de
Muchi, lo cual me hace muy feliz; esa es una de las cosas que me
diferencia de un gato callejero que se parece tanto mí; que los
perros de la casa no le embisten porque lo confunden conmigo. Mi
protector al verlo dijo que era mi otro yo, mi alter ego; con cierta
diferencia. ¡Claro que hay diferencias!. El se parece a mí lo
mismo que una fotocopia descolorida al original. Yo soy lanudo, gris
oscuro con manchas negras y blancas; tengo una casa donde vivo con
dos gatas que me quieren. Ese gato no tiene nada, lo único que
posee son mis manchas, un color opaco y la envidia que siente por mí.
Ese sentimiento en él ha degenerado en odio, lo
cual
me preocupa. ¡Claro!, es más grande y más fuerte que yo. Muchas
veces ha tratado de asesinarme para usurpar mi identidad.
Esa es la razón por la cual ahora no me alejo de la casa. No, que
va. ¡Ni que fuera pendejo!. Con este enemigo gratuito debo tener
mucho cuidado. Para eso cuento con la protección de los
perros de la casa a los que tengo mucho que agradecer. Hay otra
cosa que me preocupa mucho más que mi archienemigo, son las
innumerables tonterías que de continuo dice mi protector: Que si mi
alter ego, que los mundos paralelos, que la reencarnación, que el
infierno, que el cielo y pare usted de contar. Realmente con todo lo
que dice este señor, estoy confundido. Ahora no se si soy un gato
o la reencarnación de aquel guardameta llamado la Araña.
¿No cree usted qué tengo razón para
estar preocupado?.
Humberto J. Ramos
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