martes, 6 de septiembre de 2016

El monólogo de Muchi (cuento)




... No era su alter ego lo que él miraba, ni a un mundo paralelo semejante al suyo, era su propia imagen la que se reflejaba en el espejo.

Su protector era un hombre de ideas muy raras, tan raras, que ahora le ha dado por enseñarlo a pronunciar frases de una o dos palabras.

Frente al espejo.

... “¿¡Pronunciar frases de una o dos palabras!?... ¡Es fácil!. ¡Si, claro!. Hasta para un niño de tres años de edad es fácil. Pero..., para mí. ¡No!. No lo es. ¡Es imposible!. Yo cazo ratones, soy polígamo, maullo, araño los muebles de la casa y algunas veces practico el incesto. Pero..., ¿¡Pronunciar palabras!?... Mi Protector dice que sí. Es más, asegura haber enseñado a un gato común a pronunciar cinco frases; lo cual dudo. El piensa que conmigo será más fácil porque y que tengo pedigrí. ¡Vaya usted a saber!. Pedigrí. Mi protector ha tomado esta tarea muy en serio. Quiere que yo diga: ¡Hola!, pan, pescado, bien, ¡buenos días! y otras palabras. En una semana de prácticas que ha hecho conmigo, ya asegura que las sé pronunciar. Si digo miau, dice que dije pescao, o pan o cualquier otra cosa que se le ocurra...Ahora la ha dado por decir que en otra vida yo era un famoso guardameta de un equipo de fútbol, un tal araña o la araña. Eso lo dice porque tengo cierta habilidad para atrapar con mis patas delanteras la comida antes de caer al suelo. Mi protector tiene ideas muy raras: A mis patas, él las llama manos, a mí me bautizó con el nombre de Muchi, lo cual me hace muy feliz; esa es una de las cosas que me diferencia de un gato callejero que se parece tanto mí; que los perros de la casa no le embisten porque lo confunden conmigo. Mi protector al verlo dijo que era mi otro yo, mi alter ego; con cierta diferencia. ¡Claro que hay diferencias!. El se parece a mí lo mismo que una fotocopia descolorida al original. Yo soy lanudo, gris oscuro con manchas negras y blancas; tengo una casa donde vivo con dos gatas que me quieren. Ese gato no tiene nada, lo único que posee son mis manchas, un color opaco y la envidia que siente por mí. Ese sentimiento en él ha degenerado en odio, lo
cual me preocupa. ¡Claro!, es más grande y más fuerte que yo. Muchas veces ha tratado de asesinarme para usurpar mi identidad. Esa es la razón por la cual ahora no me alejo de la casa. No, que va. ¡Ni que fuera pendejo!. Con este enemigo gratuito debo tener mucho cuidado. Para eso cuento con la protección de los perros de la casa a los que tengo mucho que agradecer. Hay otra cosa que me preocupa mucho más que mi archienemigo, son las innumerables tonterías que de continuo dice mi protector: Que si mi alter ego, que los mundos paralelos, que la reencarnación, que el infierno, que el cielo y pare usted de contar. Realmente con todo lo que dice este señor, estoy confundido. Ahora no se si soy un gato o la reencarnación de aquel guardameta llamado la Araña.

¿No cree usted qué tengo razón para estar preocupado?.




Humberto J. Ramos









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