Naufragué en la incertidumbre...,
cuando un nosequé de desaliento encalló en mi pecho
Angustia,
de ver la vida tan vacía...,
carente de sentido y aún así seguir viviendo...,
aferrado a una esperanza,
ver la rosa roja en el desierto
y retomar la fe.
Sentir amor.
Que de mis ojos secos
broten lágrimas.
¡Oh Musa!,
despilfarra mi verbo en las campanas
y hasla tañer de angustias penas.
Déjame ver el azul de Salmerón en los ojos de Darío,
las “furias y penas” de Quevedo en el corazón de Andrés Eloy,
los “claveles que tronchó la aurora” de Góngora en las manos del insomne Ramos Sucre,
Y déjame sentir el hambre y el frío que sintió Vallejo en las calles y plazas de París.
Humberto J. Ramos
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